|
PSIQUIS-MARIAZELL Clínica Psiquiátrica |
Bannerlandia La enfermedad de Alzheimer
En
las últimas décadas el progreso de la medicina ha permitido un aumento en la
expectativa de vida de la población mundial. Actualmente la cantidad de
personas mayores de 65 años de edad es significativamente mayor que lo que era
hace 10 o 15 años atrás. A
medida que avanza la edad hay una pérdida de memoria como parte del proceso
natural de la vida. Se evidencia una disminución en la capacidad para recordar
acontecimientos recientes. Esto se conoce con el nombre de olvidos benignos
de la tercera edad. Existen
varias formas de demencia, la más común es la producida por la Enfermedad
de Alzheimer, otras pueden ser por ejemplo las demencias vasculares
(asociadas a alteraciones circulatorias y ateroesclerosis cerebral), demencia
debida a la Enfermedad por Cuerpos de Lewy, la demencia por la enfermedad de
Parkinson, la demencia por alcoholismo crónico, por infección HIV, por déficit
de vitamina B, etc. Una
de cada 1000 personas de entre 40 y 65 años de edad padece la enfermedad de
Alzheimer, entre los 65 y 70 años la enfermedad ocurre en una de cada 50. En
una de cada 20 personas de entre 70 y 80 años y en una de cada 5 personas de más
de 80 años. De todos modos la mayoría (el 80%) de las personas, aún con más
de 80 años, no tienen un importante deterioro psíquico. Esto lleva a la
conclusión que la vejez en sí misma, no es causa por sí sola de la
enfermedad.
Causas
de la Enfermedad
Actualmente
desconocemos con exactitud cual o cuales factores ocasionan el desarrollo de la
enfermedad. Es por ello que se le atribuyen diversos orígenes tales como
alteraciones genéticas, infecciones virales y agentes tóxicos entre otros. A
pesar de ello, por nuestra experiencia, si conocemos algunos factores que pueden
acelerar la aparición de este proceso después de los 60 años (debemos tener
en cuenta que cuando los familiares perciben claramente los síntomas, la
enfermedad ya lleva unos cinco o más años de evolución)
Estos factores pueden ser: la pérdida del cónyuge, hijo o
familiar muy cercano, cambio de residencia, accidente automovilístico a
pesar de no haber sufrido traumatismo. Jubilación, retiro o despido del
trabajo. Haber sido asaltado o atacado. Haber tenido una caída o un golpe muy
fuerte. Una intervención quirúrgica.
En una primera
etapa el paciente presenta trastornos de la memoria tales como el olvidar
nombres de personas que recién conoce o números de teléfono. Esto quizás no
sea tomado en cuenta por el paciente o sus familiares y en algunas ocasiones el
mismo paciente puede intentar ocultar el problema. En otras oportunidades el
individuo presenta una disminución en el rendimiento laboral debido a esta pérdida
de la memoria.
A este déficit frecuentemente se asocia una menor capacidad para
concentrarse, provocando una dificultad para
realizar tareas secuenciales o mantener una conversación.
Paralelamente hay una disminución del interés por los demás,
conversaciones menos extensas y el paciente intenta utilizar palabras sencillas
o frases cortas.
Generalmente la orientación en su barrio y domicilio no están demasiado
comprometidas, como así tampoco en el tiempo (sabe en qué día vive).
En la segunda etapa se agravan
las pequeñas alteraciones en el sentido de la orientación. Ya el paciente no
recuerda el año, mes o día en que vive. Le resulta muy difícil regresar a su
casa solo o incluso encontrar los ambientes de su hogar. Los problemas de la
memoria son más severos y no solo afectar a la memoria reciente, sino también
a la más antigua.
No puede reconocer adecuadamente el dinero,
a algunos de sus familiares, principalmente a sus nietos a quienes puede
confundir con otros familiares de su infancia o adolescencia. Tampoco expresa
frases muy elaboradas. Se muestra hostil y a veces muy retraído.
Pueden aparecer ideas extrañas o de desconfianza extrema o infundada,
alucinaciones visuales, trastornos importantes en el habla, incontinencia
urinaria y/o fecal. El insomnio que presentan, es bastante resistente a los fármacos
hipnóticos. La pérdida de apetito es marcada y la deficitaria absorción de
los alimentos también.
Ha perdido la habilidad para higienizarse, vestirse prepararse su comida
u ordenar las cosas en su hogar. No pueden realizar movimientos coordinados
provocando trastornos en la marcha con las consecuentes caídas.
En la tercera etapa ya el
paciente apenas responde a su nombre no sabe dónde vive ni siquiera su edad.
Casi todas las funciones psíquicas superiores están disminuidas marcadamente.
El lenguaje es totalmente incoherente y vacío de contenidos.
El paciente es totalmente dependiente para las tareas mínimas
cotidianas. La incontinencia vesico-rectal es irreversible. Hay
una notable pérdida de las habilidades adquiridas. La deambulación es casi
imposible a punto tal que la mayoría de los pacientes en esta etapa permanecen
en cama todo el día por lo tanto hay que cambiarle la postura en la cama.
Gritan sin motivo, se tiran al piso y duermen solo unas horas al día. Las
complicaciones más frecuentes son la pérdida de peso (por pérdida de apetito,
dificultad para tragar, y menor absorción intestinal de los alimentos), úlceras
o escaras por permanecer en cama y mayor propensión a contraer neumonía. El
tiempo de evolución de la enfermedad puede ser de un par de años hasta más de
diez. Tratamiento
complacer@psiquisnet.com
Dr. Jorge O. Galván |
Enviar correo electrónico a webmaster@psiquisnet.com con
preguntas o comentarios sobre
este sitio Web.
|